Recuerdo
haber corrido hacia la luz. Y eso es todo lo que recuerdo. Luego hubo
mucho ruido. Demasiado ruido. Me deshice de las voces y ni siquiera
pude disfrutar de la tranquilidad. La policía vino poco después. Me
esposaron y me encerraron con dos policías en una habitación con la
pared de cristal. Me importaba todo un carajo y decidí que iba a
decirles la verdad. No la verdad sobre la posesión, claro, sino sobre lo
asesino y violador que era el padre Rodrigo. No me creyeron al
principio, pero tal vez me creyeron después, no lo sé. Me metieron en una
habitación sin puertas con una simpática señora con un bonito
traje, un cuaderno amarillo y sus palabras amables.
Ya
tuve suficiente de toda esa mierda.
Me encerraron en un manicomio cerca del convento. Me enteré más tarde que era el mismo manicomio donde habían encerrado a mi madre. O mejor dicho, el padre Rodrigo la había encerrado. Era un hombre con mas poder y dinero que me había imaginado. ¿Cuándo había pasado todo eso? ¿Hace 21 años? ¿Cuantos años tengo yo? No, ni lo pensaré...
Me encerraron en un manicomio cerca del convento. Me enteré más tarde que era el mismo manicomio donde habían encerrado a mi madre. O mejor dicho, el padre Rodrigo la había encerrado. Era un hombre con mas poder y dinero que me había imaginado. ¿Cuándo había pasado todo eso? ¿Hace 21 años? ¿Cuantos años tengo yo? No, ni lo pensaré...
El
manicomio era un infierno. Si no estuviera loca ni un solo poquito,
sin duda me habría enloquecido. Pero por suerte estaba loca. Estaba
tan loca que sobreviví a todo, a todas las humillaciones, al dolor,
a las píldoras, a las hijas de putas vestidas de uniformes blancos
y, a los peores de todo, a los locos.
A
veces quería reír, a veces quería llorar. Dependía de las
pastillas y la cena que nos daban. La vida da muchas vueltas, ¿no?
Al menos hice lo que María no pudo y Sara no quiso hacer. El número
de mis victimas fue uno, ya que no había matado a mi familia ni a las
hermanas del convento, así que no todo fue tan mal. Entonces mi alma
eterna era todavía salvable. Pero todo me resultaba más difícil ya que estaba sola. Anastasia era una hermana muy mala. Si yo fuera la que
estuviera muerta, aprovecharía cada oportunidad que se presentara y
la perseguiría por todo el mundo.
Para
cuando escapé del hospital el número de mis victimas fue dos, pero
ese hijo de puta se lo merecía, ¿vale?.
Ahora estoy comiendo una hamburguesa en una gasolinera y el sol está saliendo lentamente. El hombre de mi derecha me está mirando raro. Puede que tenga que ocuparse de él también si no sabe meterse en sus propios asuntos.
Ahora estoy comiendo una hamburguesa en una gasolinera y el sol está saliendo lentamente. El hombre de mi derecha me está mirando raro. Puede que tenga que ocuparse de él también si no sabe meterse en sus propios asuntos.
Quizás
os preguntaráis qué será de mi... Bueno, sé que me mantendré
alejada de cualquier iglesia en el horizonte y comeré cualquier
comida rápida que pueda encontrar pagando por todo con el dinero
sacado de la cuenta de ese hijo de puta con su tarjeta de crédito.
Por fin era útil para algo.
El
sol está saliendo, la hamburguesa está riquísima, el silencio me
ensordece y la
vida
me encanta de
nuevo.
Y
ya
está. Se acabo! No
quiero nada que ver con el pasado.
Hasta
nunca, chicos! Os veré en el infierno.
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