La
encontraron el tercer día después de mi noche de borrachera. Sabía
que eso pasaría desde el momento en que me habia enterado de su
desaparición. La hermana Lillian
era de mi edad, era
muy delgada y muy chismosa. La
vida del convento la
aburría demasiado.
Pobre
chica. Tanto le fascinaron los cotilleos.
Y ahora
la encontraron
enterrada viva, como me
enteré
esa mañana.
Pero
no
conozco los detalles. No podemos hablar durante las comidas y cada
vez que oí "la hermana Lillian" y "desmembrada",
salía de la habitación lo más rápido posible.
Esa
mañana me desperté y supe que algo estaba muy mal. Las campanas
sonaban como si estuvieran poseídas. Hacían tanto ruido que casi
ahogaron las voces. Todavía recuerdo como salí corriendo, sin mi
habito y descalza, tratando de averiguar en qué estado ha sido encontrada la hermana. Pero ya sabía lo que me iban a decir. El
miedo casi me ahogó.
Pero lo bueno es que las voces, que habían desaparecido con las campanas, aún no han regresado. Ha sido terriblemente tranquilo sin ellos.
Pero lo bueno es que las voces, que habían desaparecido con las campanas, aún no han regresado. Ha sido terriblemente tranquilo sin ellos.
Debéis
pensar que soy una asesina o que estoy loca, pero puedo prometerles
que no lo soy. Lo he pensado mucho. Esos últimos tres días han sido para mi como una viaje espiritual. Analicé todas las cosas extrañas
e inexplicables que me habían pasado y las comparé con aquellos
momentos en los que estaba completamente lúcida y llegué a la
conclusión de que no estoy totalmente loca, a menos no estoy loca
cuando soy consciente de mis acciones. Es cierto que hay algo dentro de mí, pero
prefiero verlo como un problema externo. ¿Tal vez necesito un
exorcista? Si es así, estoy en el lugar correcto. No hay mal que por
bien no venga, ¿no? Quizá Padre Rodrigo me ayudará?

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