Estoy sentada en mi escritorio, mirando una vela. Sí, todavía usamos velas, aunque podría pedir una lámpara, pero la vela me parece más íntima y más familiar. Le da carácter a mi pequeño refugio. Una cosita tan insignificante pero levantaría inmediatamente las sospechas de mi madre. Diría que estoy loca y que este es otro síntoma de mi "anormalidad". De hecho, el día que tiró mi candelabro a la basura fue el primer dia que descifré los murmullos.
Antes
habían estado tan silenciosos que apenas podía entenderlos. Casi me
di por vencida después de esforzarme tanto por escuchar lo que
decían, pero entonces, al regresar de la escuela, vi mi candelabro
tirado en la basura y por un momento no podia oir absolutamente nada.
La riña que tuvimos con mi madre fue tan fuerte que hasta los
vecinos la escucharon. Las palabras de mi madre todavía resonaban en
mis oídos, pero al mismo tiempo los murmullos se intensificaron
hasta que finalmente los entendí.
Tal
vez si no fuera por ellos, no estaría aquí, aunque sigo pensando
que lo que sucedió después era inevitable. Mi madre nunca me quería
mucho. Siempre prefería a mi hermanita. Al menos ella era normal.
Era una estudiante excelente y tenía la voz de un ángel. Al final,
toda esta normalidad no la ayudó mucho.
La
hermana Gertruda me está llamando para las oraciones de la tarde.
Aunque es una de las monjas más acérrimas y siempre trata de
controlarse, noto que está enojada. Los murmullos aparecen y
desaparecen independientemente de mí, pero ahora están aquí de
nuevo, resbalando en mis oídos y es imposible ignorarlos. Son más
fuertes que las llamadas de las hermanas y mucho más difíciles de
resistir.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Płonąca_świeca_na_stole.jpg
