niedziela, 27 października 2019

Los murmullos


Estoy sentada en mi escritorio, mirando una vela. Sí, todavía usamos velas, aunque podría pedir una lámpara, pero la vela me parece más íntima y más familiar. Le da carácter a mi pequeño refugio. Una cosita tan insignificante pero levantaría inmediatamente las sospechas de mi madre. Diría que estoy loca y que este es otro síntoma de mi "anormalidad". De hecho, el día que tiró mi candelabro a la basura fue el primer dia que descifré los murmullos.
Antes habían estado tan silenciosos que apenas podía entenderlos. Casi me di por vencida después de esforzarme tanto por escuchar lo que decían, pero entonces, al regresar de la escuela, vi mi candelabro tirado en la basura y por un momento no podia oir absolutamente nada. La riña que tuvimos con mi madre fue tan fuerte que hasta los vecinos la escucharon. Las palabras de mi madre todavía resonaban en mis oídos, pero al mismo tiempo los murmullos se intensificaron hasta que finalmente los entendí.
Tal vez si no fuera por ellos, no estaría aquí, aunque sigo pensando que lo que sucedió después era inevitable. Mi madre nunca me quería mucho. Siempre prefería a mi hermanita. Al menos ella era normal. Era una  estudiante excelente y tenía la voz de un ángel. Al final, toda esta normalidad no la ayudó mucho.
La hermana Gertruda me está llamando para las oraciones de la tarde. Aunque es una de las monjas más acérrimas y siempre trata de controlarse, noto que está enojada. Los murmullos aparecen y desaparecen independientemente de mí, pero ahora están aquí de nuevo, resbalando en mis oídos y es imposible ignorarlos. Son más fuertes que las llamadas de las hermanas y mucho más difíciles de resistir.



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